jueves, febrero 25, 2010



Estoy casi segura de que el martirio tiene olor a nombre.

Y nada detiene lo que brota después, cuando ilegalmente le soplás al mundo su falta al oído. Porque aún así su respuesta acciona este calor tan mío que desdibuja el límite de tu ausencia vuelta hacia la noche entera.

Infinito es sed concentrada, utilizada en pos de una construcción hermosa que tomamos todos, universales y bonitos, con la cara aullando tierra al emerger.

Te traga si querés, succiona si no oponés resistencia. Podés ayudar a la generación de inimaginables esferas.



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23:26

2 comentarios:

Homotonto dijo...

No hay que ayudar al dolor.
Es un mal general que esta esperando el momento exacto para caer ofreciendote un caramelo.

Las victimas se alimentan de mas victimas.

nada mas.

m. dijo...

De una Chicho. JAJA lo dijiste con mucha ímpetu, lo entendí con mucha energía. Una aseveracion certera; muy.

El martirio tiene olor a nombre, se sopla al oído este error.
Sin embargo podemos recordar nuestra falta de límite, más allá del alimento que otorgue cualquier víctima de otro animalito, y ahí la fuerza.
La fuerza linda, hermosa, que salta, brota, genera. Y dirigirla, encauzarla hacia donde sabés, sentís que debe llevar realmente. (siempre disfrutando del salto, ya sabés, si no no sirve porque es irreal)


hola, sacate esa cara de malo.
JJAJAJ